Sociedad

El Náufrago: “Era cada vez más difícil soportar estar perdido en el medio del mar”

Pasó frío, hambre y sed. Cómo hizo para sobrevivir 44 horas con un kayak en medio del mar, en San Clemente. Una increíble historia de vida y aprendizaje. Video imperdible.
17 de febrero 1:45 PM
 


Una historia de vida, de lucha, de perseverancia, de no rendirse jamás y que tuvo un final feliz, no siempre es noticia. Esta vez, por fortuna, sí. El jujeño Marcos Tabarcachi emuló al actor Tom Hanks, quien protragonizó a principios del año 2000 la película “Náufrago”, y logró sobrevivir sólo con su kayak y un remo mar adentro, unos 15 kilómetros de la costa de San Clemente, donde se metió al mar con la idea de tirar una línea de pesca y regresar con su familia. Pero de repente, como es común en la Costa Atlántica, el viento cambió su rumbo, arrastró el kayak y no pudo divisar más la costa.
 
Su esposa dio alerta a Prefectura de la desaparición de Marcos y comenzó la búsqueda ese domingo 11 hasta el martes 13, para muchos una fecha maldita; para Tabarcachi, bendita. Naufragó y pasó así dos días y dos noches perdido en el medio del amplio mar argentino. Unas 44 horas perdido en el mar. “En todo momento confié en Dios, sabía que no iba a desampararme. Tenía en mi mente la foto que me sacó mi mujer cuando entré al mar, feliz con el kayak, y quería volver a verlos. Pude mantener la calma y no desesperarme porque sabía que eso me jugaría en contra”, relató el policía jujeño.
 
“Era fea la sensación de saber que te están buscando y no poder hacer nada. Yo los veía, pero ellos no”.
“Uno de mis sueños era navegar en kayak, me dijeron que el oleaje en Punta Rasa no era fuerte así que iba a poder estar tranquilo. Yo salí de la costa con la idea de navegar una hora, pescar y volver a la orilla”, contó desde el Hospital de San Clemente, en donde se lo internó por observación y para compensar su grado de deshidratación. Fue dado de alta este miércoles 14 por la tarde. “Me dolía la sed que tenía. Soñaba con llegar, abrazar a mi familia y que me den agua o un jugo. Sabía que no podía tomar agua del mar aunque era tentador estar rodeado de tanta agua”, agregó Marcos en compañía de su mujer Carla y su hijo Marquitos, de dos años.
 
“Fueron días muy feos. La primera noche fue la peor de todas, el oleaje era muy fuerte y sentía mucho frío. Ese día, cuando amaneció, ya había perdido contacto visual con toda la costa. Pude guiarme con el sol, sabía que a mi espalda estaba la orilla. Logré llegar a la orilla, estar a pocos kilómetros, pero las olas eran tan fuertes que otra vez me fui mar adentro... Desde que amaneció hasta que se hizo de noche, no dejé de remar. Vi las luces de noche de un muelle, que sería de otra costa, porque no era la misma que vi en San Clemente, tal vez estaba en Santa Teresita porque veía otro faro más al sur y no el del norte por donde entré al mar”, agregó el superviviente en referencia a los faros de San Antonio y Punta Médanos. En esa primera noche que relató con tanta naturalidad tuvo que soportar olas de más de 2 metros que le dieron vuelta el kayak varias veces, que lo obligó a nadar para no perder la embarcación y el remo.
 
Ya en la segunda noche, cuenta Marcos, no estaba tan bravo el oleaje. “El primer día cuando se me dio vuelta el kayak tenía fuerzas para nadar, atraparlo y darlo vuelta. Pero entre el cansancio, el fío de la noche y el cuerpo acalambrado por la posición del kayak no creo que hubiera sobrevivido otra noche más”, relató angustiado y con un sentimiento de culpa que lo persigue y no le permite disfrutar a pleno haber sobrevivido a esta situación. “Es que hay que tenerle respeto al mar. No es para cualquiera y fui inconsciente y tuve preocupada a toda mi familia y amigos. Ellos sabían que no iba a rendirme pero igual se me hacía cada vez más difícil soportar estar en el medio del mar”.
 
“La primera noche veía todo el despliegue de helicópteros, se fueron a la Bahía y yo estaba del lado del mar más que del río. Era fea la sensación de saber que te están buscando y no poder hacer nada. Yo los veía pero ellos no”, dijo el nuevo héroe jujeño.  
 
Cuenta que no lloró en ningún momento a pesar de la angustia de estar mar adentro dos noches y tres días. “Fue emocionante cuando al fin me vieron, vi que el avión sobrevolaba sobre mí, se fue y volvió rápido y lanzó una bengala blanca para que el barco me ubique y de ahí a los 15 ó 20 minutos el barco se acercó. Estoy eternamente agradecido al personal de Prefectura, volví a nacer”. Lo encontraron con el kayak al revés y sentado sobre el mismo ya que estaba acalambrado de tantos días en el mar. El momento que se quebró y lloró fue al subir por fin al buque de Prefectura: “Ahí abracé a uno de ellos y lloré. Pero en el medio del mar sabía que no podía llorar porque me quitaba fuerzas. Por mi entrenamiento y mi trabajo estoy acostumbrado a vivir situaciones de riesgo o límite y tal vez eso me ayudó a contar esta historia con final feliz”.
 
Cuando bajó del gomón que lo trasladó hacia la costa lo primero que quiso fue abrazar a su hijo Marquitos que le gritaba con desesperación. “Por protocolo me llevaron a la ambulancia y de ahí al hospital y recién después pude abrazar a mi hijo”, afirmó quien quería volver con vida para “ver a mi familia y comer un asado. En esos momentos críticos uno se da cuenta de todo lo que vale la vida y lo que uno pierde a veces por caprichos o inconsciencia”, remarcó con claridad. Habiendo nacido otra vez.

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“En el medio del mar sabía que no podía llorar porque me quitaba fuerzas”, cuenta Marcos.