Sociedad

La vivencia de un vecino que visitó al Papa en Chile

El dolorense Juan Manuel Alday nos contó la experiencia de su viaje a Temuco para encontrarse con el Papa Francisco.
18 de febrero 9:17 AM
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Juan Manuel Alday ya en Dolores, luego de ser uno de los miles de argentinos que viajaron a Chile.

Juan Manuel Alday es uno de los miles de argentinos que recientemente llegaron hasta Temuco para participar de la visita del Papa Francisco a Chile. Miembro de la organización Misioneros de Francisco, este estudiante de veterinaria tiene una larga trayectoria en el trabajo social tanto en Dolores como en el cinturón hortícola de La Plata. 
 
El viaje, explica, “surge como una invitación del Papa Francisco a distintas organizaciones sociales de nuestro país. Viene promoviendo el diálogo entre los pueblos y el encuentro mundial de movimientos populares”.  
 
Para Alday, es muy importante que “él, como líder espiritual de 1.200 millones de personas tome en cuenta a los que venimos iniciando procesos en la periferia, saliendo al encuentro como él pide. Eso tiene otro valor y otra responsabilidad”. 
 
“PEDÍ POR MI ABUELA”
“¿Vas a ver al Papa? Pedí por mi abuela, porque mi pareja deje de tomar, porque mi hijo vuelva a caminar”. Cosas como estas se llevó Juan Manuel en la mochila con la que viajó las 36 horas que les llevó llegar a Temuco. “Es que la fe popular se vive muy fuertemente en los barrios”, explica.
 
“En Temuco me encontré una fiesta”, cuenta mientras remarca el contraste con los titulares que proponían apatía o rechazo a la llegada de Francisco. De todos modos, sobre el tema de la pedofilia “lo interesante es que, sabiendo que el problema existe y acá en Dolores también lo sufrimos, se hace cargo”. 
 
La presencia de la comunidad mapuche también fue un punto realmente conmovedor: “El conflicto entre el Estado y pueblos originarios en la Araucania es muy fuerte y el mensaje de Francisco va unificando rispideces; cuando uno lo escucha es claro que llama a la unidad, al reconocimiento del otro, a no callar las diferencias”. 
 
DOLORES NO ES UNA ISLA
“Los Misioneros de Francisco es un grupo laico donde hemos venido trabajando cuestiones sociales saliendo al encuentro del otro: visitar al vecino, salir al barrio, encontrarse con los problemas que no vemos si nos encerramos mucho”, explica Alday. 
 
En Dolores, trabajan principalmente en el barrio de la Escuela 5, en el Centro Barrial El Hornero. En calle Chascomús 1091 tienen un merendero donde dan apoyo escolar, están armando una biblioteca, un ropero comunitario y una bolsa de trabajo, en un espacio donde también participan representantes de otras iglesias evangélicas.
 
La situación que ven a diario es difícil: “Un plato de comida vale más, la changa no anda tan bien como en otros momentos y eso trae un mensaje de desesperanza para la familia, por lo que tenemos que acompañar a la comunidad para que la desesperanza no nos gane. Dolores no es una isla, es necesario ocuparnos de quienes no la están pasando muy bien”, completa.
 
Quienes deseen contactarse con la organización pueden hacerlo a través del Facebook de El Hornero o llegarse al lugar que está abierto todos los días para consultas de 17.00 a 20.00.