Sociedad

El León de la Botica y los aires de cambio

La tradicional Farmacia Espil funciona en la esquina dolorense de Belgrano y Rivadavia, un local abierto desde 1873. Desde el 1 de marzo, cambiará de aire y será remodelada.
28 de febrero 4:46 PM
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Néstor y Silvia Espil con el cuadro de la familia.

“Botica del León de Tomás Matienzo”: el cartel tallado en la fachada del antiguo edificio no pasa inadvertido para quienes andan por la esquina de Belgrano y Rivadavia. El local conserva la distribución, los muebles y los frascos del establecimiento que funciona desde 1873. Un mueble con cajones muestra los nombres de las antiguas obras sociales; una pila de etiquetas de Limonada Rogé está lista para ser pegada en el frasco con el preparado; un exhibidor del Dr. Scholl se apoya en una pared donde recuerdan que estaba la cabeza de Geniol que se perdió en alguna remodelación.
 
Sin embargo, papeles, libros, elementos de laboratorio, fotos ahora están en cajas esperando para ser trasladadas al Museo “Libres del Sur”. Es que a partir del primer día de marzo, la actual Farmacia Espil cambia de dueños y los nuevos estilos de comercialización indican que el local será reformado y dejará atrás el formato que, más allá de los cambios, la emparentó con sus inicios, cuando Antonio Troise la hizo famosa. 
 
LA HISTORIA HABLA
Néstor Juan Espil cuenta la historia junto al cuadro que toda la familia se sacó en 1958, año en que su padre compró la farmacia a la sucesión de Troise. Poco antes, el local había sido escenario de una muerte que conmovió a toda la ciudad. El encargado del local, Luis Morales, vivía allí mismo y en la confianza de pueblo atendía a quien le golpeara la puerta a la hora que fuera. Una noche, un ex empleado llamó de madrugada pretextando una urgencia: en realidad se trataba de un asalto que terminó con Morales muerto a golpes. 
 
Néstor “Pocholo” Espil fue bioquímico y farmacéutico cuando los remedios se fabricaban en las farmacias. Muchas veces llegaba con su caja de madera con instrumental para extracciones en bicicleta. Y su conocimiento era referencia para todos. 
 
Sus hijos conservan además los materiales de Antonio Troise, el que compró la botica a Tomás Matienzo y la hizo Farmacia, incluyendo los libros que el uruguayo hacía para sus clases de química en el Colegio Nacional y la Escuela Normal. Todo el material de valor histórico se enviará al Museo Libres del Sur, mientras que frascos y recipientes de vidrio y porcelana fueron puestos a la venta, reclamados para decoración. Pero es de esperar que la placa de la esquina y el león que apoya la pata en un globo terráqueo sean conservados. 

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El local conserva la distribución, los muebles y los frascos del establecimiento que funciona desde 1873.