Jueves 28 de mayo de 2020
13/03/2017 - 15:08 | Noticias | Sociedad

El trágico recital del Indio en Olavarría contado por un dolorense

Un grupo de fanáticos viajó a Olavarría para disfrutar del show, donde la capacidad del lugar desbordó y murieron dos personas. Un joven de Dolores cuenta su experiencia. La mística manchada de sangre.

“Muchos chicos la pasaron muy mal, podrían haber sido una víctima más”. Agustín Minasso, en los últimos 20 años, sólo ha faltado a uno de los recitales del Indio Solari: estuvo en San Luis, Tandil, La Plata, Gualeguaychú, todas las veces que cantó allí. Y esta vez fue uno de los 70 dolorenses que partió para Olavarría en las cuatro combis que -“bien organizados”, aclara- tardaron diez horas en regresar desde la ciudad colapsada.

 

“Estamos todos indignados: por las familias de los muertos, por el Indio y por la mística manchada”, resume para ENTRELINEAS.INFO. Improvisación, falta de controles, escasa posibilidad de atención médica, mucho alcohol y una evacuación demencial de un predio en el que se congregaron casi 400 mil personas conformaron un cóctel fatal. 

 

Agustín narra algo que es el abc del asistente a un festival: ir adelante no es para cualquiera. “Yo mido 1,80 y peso 100 kilos y así y todo no me aguanto cinco o seis temas allí porque es mucha la presión. Te sofoca, hace mucho calor, no hay oxígeno en ese lugar y había gente de 40 años muy drogada que se iba para adelante”. 

 

Pero el problema no estaba solo en el predio: “el mismo Olavarría se prestó también a todo esto porque las familias cocinaban y te vendían alcohol a todo el mundo: cinco latas de cerveza a 100 pesos”.  No hubo cacheos ni impedimentos para que ingresara gente prácticamente inconsciente. No se cortaron casi las entradas: “no se colaron 200 mil personas: no había control”, dice con sarcasmo. 

 

“Para salir tuvimos que saltar dos paredones y otros chicos de Dolores  que estaban adelante la pasaron muy mal, la levantó la misma gente casi desmayado”, relata pensando que cualquiera de ellos podría haber sido una víctima más. 

 

Como amante del rock, siente rabia y enojo: “nos merecíamos algo mejor, mal manejado todo”, pensando en la posibilidad de que fuera el último recital del músico. “Por eso metió tanta gente, y también por el lugar, porque Olavarría queda cómodo”, considera Agustín, que insiste en que no hubo previsión y que tanto la productora como la municipalidad fallaron ostensiblemente.  

 

El recital fue como uno más, por lo menos en los dos o tres primeros temas. Pero todos en el campo notaron que el show se modificó después de la primera suspensión  al comienzo: “se le cambió la selección de temas para que no haya mucho pogo, mucho agite”. 

 

De todos modos, el lugar que podía albergar 150 mil personas absorbió más del doble, y la ciudad de 100 mil habitantes, cuadruplicó, sin orden ni concierto, su población por una noche: ingredientes claros para esta receta mortal.