Así vive un médico dolorense en la base más austral de la Antártida
Atiende a los 21 habitantes del lejano lugar ubicado a casi 5 mil kilómetros de sus pagos.

En la Base tienen cuatro meses de día, cuatro meses de penumbra y cuatro meses de noche polar.
La Base Belgrano II, la más austral del país, está ubicada en la Antártida Argentina, a 1.300 kilómetros del Polo Sur y a 4.950 kilómetros de Capital Federal. Y en ese desierto blanco, el médico dolorense Germán Cairoli trabaja desde enero de este año en el apoyo sanitario de la comunidad de 21 personas que habitan la Base.
El relato que hace para ENTRELINEAS.info nos ubica en una dimensión difícil de entender. “El lugar donde está la Base es un afloramiento rocoso que está sobre el glaciar. El resto es un desierto de nieve. Tiene la característica de tener cuatro meses de día, cuatro meses de penumbra y cuatro meses de noche polar”, cuenta Cairoli.
Sin embargo, “a pesar de ser de noche, igual se trabaja y uno de los trabajos más difíciles es obtener el agua para la casa y las instalaciones. Nos movilizamos a 200 metros, picamos el hielo con pico y pala y lo traemos en carros. Y en eso lo trasladamos a la Base donde tenemos una pileta que derrite el hielo. Esto te hace valorar los recursos y el agua en especial.”
A la base se llega luego de un mes de navegación en el mítico rompehielos Almirante Irizar. Ya en Ushuaia se hace el aprovisionamiento y allí comienza la aventura. “El Almirante Irizar es un buque que tiene mucha historia, fue buque hospital durante la Guerra de Malvinas y luego del incendio de 2007 vuelve al mar”, comenta Cairoli muy impactado por el viaje que parece salido de una novela de aventuras. Cruzar el estrecho de Drake les llevó casi tres días.
Ya en la Antártida, el buque primero llega a la Base Petrel. La segunda etapa es la Base Esperanza, donde habitan familias e incluso hay una escuela. Después pasan por las Bases Marambio, la Decepción y la Orcadas, donde realizan descarga de materiales, alimentos, gas y recambio de personal. El último punto del recorrido fue la Base Belgrano II, la más austral del país. “El barco llega hasta 25 kilómetros, porque después es todo hielo y no puede avanzar. El rompehielos lleva dos helicópteros en los que llegamos hasta la base”. ¿Por qué se sumó a este contingente? Después de terminada la residencia médica en el Hospital Militar y por comentarios de compañeros, decidió embarcarse.
“Siempre me gustó la aventura y me pareció un desafío difícil y a la vez interesante, porque estar en un lugar solo, con pocos medios y a la vez apoyar el trabajo que se hace de ciencia e investigación del lado de la sanidad”. La dotación está compuesta por 21 hombres, 16 pertenecientes al Ejército. “Hay dos jefes de base, un encargado, un cocinero, un mecánico de automóviles, conductores, un informático, un especialista en radio, un médico, un enfermero, dos observadores meteorológicos que dependen de Fuerza Aérea, tres científicos de la Dirección Nacional del Antártico, dos ingenieros y un astrónomo”, enumera.
PENSAR EN MARTE
En la Base investigan el comportamiento de la ionósfera, donde se producen las auroras en las noches polares, lo que tiene influencia en las comunicaciones por la influencia que genera el sol. Desde otra perspectiva, se analizan temas de geodesia. “Hay un sismógrafo que está conectado a la red mundial. Cuenta con GPS que les permite estudiar gravimetría y desplazamiento de las placas o la deriva continental”, cuenta.
En septiembre se realiza un ozonosondeo, que consiste en lanzar “un globo con helio que tiene un sensor que va registrando los niveles de ozono de la atmósfera. Sube hasta 30 o 35 kilómetros y permite ver el comportamiento de la capa de ozono, el agujero de ozono y la contaminación”. Pero uno de los proyectos más sorprendentes es el llamado “Belgrano-Marte”, del que participan científicos del Conicet, de la UCA, de la Universidad Nacional de Quilmes y de la Dirección Nacional del Antártico.
“Este proyecto busca ver las consecuencias fisiológicas, por comparación, que se pondrían en juego en un futuro viaje espacial evaluando lo que es el impacto que genera un año de aislamiento y su impacto fisiológico”, culmina el dolorense.






