Sábado 31 de julio de 2021
21 JUN 2021 - 10:52 | Sociedad

La muerte de Juan Forn, el escritor que había elegido Villa Gesell para escribir

Gran narrador, editor de buena parte de la mejor literatura argentina de los últimos años, falleció a los 61 años por un infarto.

También la actividad de Forn se desarrolló en el campo de la edición

La muerte de Juan Forn, escritor y editor, conmovió profundamente el domingo y no sólo en ese grupo que se suele llamar “cultural”. Provocada por un infarto, a los 61 años murió uno de los referentes ineludible de la literatura nacional que había elegido, años atrás, Villa Gesell para vivir.

Su tarea se basó en tres puntales: sus libros de ficción, su tarea como editor y, en ese rol, de impulsor de grandes autores, y su actividad periodística que lo llevó a cambiar la dinámica de los suplementos culturales con la fundación de Radar de Página 12, el diario en el que finalmente abrió otro camino con las famosísimas contratapas de los viernes, en las que, básicamente, invitaba a leer. 

Su primera novela, Corazones, se publicó en 1987 y es un íntimo relato de la relación de un chico de 13 años con su abuelo a partir da la muerte de su padre. La historia familiar y más aún, los secretos  familiares, también le sirvieron de base en la hermosa María Domecq (2007). Sin dudas, su libro más famoso es Nadar de noche (1991), una colección de cuentos inolvidables.

Pero también la actividad de Forn se desarrolló en el campo de la edición, porque fue el promotor de la famosa Biblioteca Sur de editorial Planeta, por la que fueron conocidos Rodrigo Fresán, Mariana Henríquez o Marcelo Figueras, que se sumaron a Antonio Dal Masetto, Guillermo Saccomanno, Martín Caparrós, Matilde Sánchez y Rodolfo Fogwill. Desde 2017 dirigía la colección Rara Avis de Tusquets, donde su último acierto fue la publicación de Las malas, de Camila Sosa Villada. 

Llegó a Villa Gesell a instancias de su gran amigo Guillermo Saccomanno, el otro escritor de la Villa, luego de que una pancreatitis lo pusiera al borde de la muerte. Y desde allí volvió a la escritura desde otro lugar: el del lector generoso que da a leer. Sus contratapas hablaban de escritores rusos, japoneses, centroeuropeos y, por eso, eran una invitación a leer, una forma de abrir caminos para otros lectores. La última hablaba de Homero, el poeta ciego que quizás no existió, pero que abrió camino a toda la narativa occidental.