Sábado 02 de julio de 2022
16 MAY 2022 - 09:38 | Opinión
PANORAMA POLÍTICO

«Scorpenes» para submarinistas sin submarinos

40 años de democracia signan una evolución de los militares que puede desperdiciarse con truchadas.

Alberto Fernández y Emanuel Macron, presidente de Francia. (Foto: Agencia Télam)

Escribe Carolina Mantegari, del AsisCultural
Especial para JorgeAsisDigital.com

Los submarinos Scorpène -de la Naval Group- se despachan desde el puerto encantado de Concarneau, la «ciudad azul» de la Bretaña francesa.
Pese a la convivencia con la lona, o con la quiebra, Argentina plantea la compra de cuatro Scorpenes. 700 millones de dólares cada uno.
Aunque se compre solo uno, el negocito justificaba que el presidente Emanuel Macron, El Bel Ami, recibiera al presidente Alberto Fernández, El Poeta Impopular, que llegaba en la improvisada gira declaratoria.
El estadista procedía de Berlín, dispuesto a atenuar lo que había dicho en Madrid, para desmentir en París.
El objetivo del periplo inútil consistía en oxigenarse políticamente. Tomar distancia del litigio psiquiátrico que arrastraba desde la psiquiátrica Buenos Aires.
Menos que un dato para el análisis, que el presidente débil no hable durante dos meses con la vicepresidente fuerte, es un ejercicio ocioso de imaginación.
Punto de partida para un ensayo de seminario similar a los de Jacques Lacan, en versión «milleriana», pero animada por los pensadores Jorge Alemán y Luis Gusmán.
Pero Alberto portaba el pretexto del estadista. Tocaba París para exhibir, ante Macron, la preocupación geopolítica por la guerra en Ucrania, que se sentía sinceramente interesado en resolver.
Después de la jubilación de la señora Ángela Merkel, se aludía a Macron como «la máxima referencia europea».
Pero por los Scorpène a vender -y por las cuatro POVs ya vendidas- Macron debía tomar al mandatario argentino con mayor seriedad que los periodistas.
Sin detenerse en las amables incongruencias del visitante que trataba de atenuar, con suerte relativa, el canciller Cafiero, El Nietito. Junto a la trascendente jerarquía intelectual de Zapatitos Blancos.
Un mes después de haber agredido elogiosamente a Vladimir Putin, El Nuevo Zar, con el noble ofrecimiento de convertir a Argentina en “puerta de entrada de Rusia en América Latina”.
Como si a Rusia le hiciera falta una puerta para meterse. O como si no hubiera existido la dinastía sanjuanina de Los Bravo.
Fue iniciada por don Leopoldo, el último interlocutor de José Stalin, único predecesor que Putin consideraba.
Pero Alberto impactó de pronto con “la invasión de Rusia a Ucrania” (y desde Sputniknews le estamparon inmediatamente el calificativo de «traidor a Rusia»).
Como correspondía a un estadista solidario. Alberto le ofreció a Macron surtir a Europa con el gas estratégicamente potencial que no puede explorar.

Scorpenes y POVs
Tema, el de los submarinos, demasiado sensible en la agenda de Francia.
El proyecto de AUKUS fue firmado para obstruir la expansión irresistible de China (cliquear).
Tratado de Australia con el Reino Unido y USA. Sirvió para que el amigo norteamericano, animador y pata ancha de OTAN, le “mejicaneara” a Francia la venta de los ocho submarinos a Australia.
El despojo provocó que el canciller Jean Ives Le Briand se quejara (al mejor estilo del senador Juez).
Calificó la sopladura del negocio como “una puñalada en la espalda”.

En 2017, muy lejos del AUKUS, a la Argentina se le perdió trágicamente en el océano el último submarino disponible.
El ARA San Juan, con 44 submarinistas adentro. Desgracia ocurrida durante el Tercer Gobierno Radical que presidía Mauricio Macri, El Ángel Exterminador.
En adelante, para introducir debajo del agua, se cuenta apenas con un par de centenares de buzos.
Reparar el inutilizado ARA Santa Cruz, en Tandanor, nunca costaría menos de 200 millones de dólares.
Para un gasto semejante, con el riesgo de ser tragado por el océano, no hay Fondo Nacional para la Defensa (FONDEF) que valga.
Argentina cuenta curiosamente con excelentes submarinistas pero no tiene ningún submarino.
Chile tiene 2, Brasil 4, Colombia 2 y Perú 6.
En materia de ferretería marítima, se puede competir con Bolivia, porque no tiene mar.
Justamente en Perú adiestraron a la última promoción de submarinistas locales.
En efecto, el capitán de fragata Tejero, director de la escuela de submarinistas, acompañó a los profesionales que fueron instruidos por la Marina de Guerra de Perú.

Para ser francos -pese a sus urgencias de agenda-, el reelecto Macron de los minutos contados no tuvo otra alternativa que atender las ponderaciones geopolíticas de Alberto.
Los cuatro Scorpenes lo justificaban. Podían ser despachados sin ningún peligro de otro AUKUS en el horizonte.
Felizmente Estados Unidos prefiere que los venda Francia. Pero nunca China.
Aparte, desde Concarneau, la Naval Group ya despachó, hacia la patria, los cuatro barquitos POVs.
Patrulleros Oceánicos Multipropósito. El último llega en junio. El ARA Contralmirante Cordero. Zarpó en abril y viene hacia el apostadero de Mar del Plata.
Los POVs también fueron comprados durante el T.G.R., por un acuerdo de cooperación firmado en 1998 durante el gobierno de Carlos Menem, El Emir.
Debe aceptarse que los POVs de la ciudad azul de La Bretaña, indispensables para patrullar en el mar, resultan infinitamente más útiles que las lanchitas inexplicables adquiridas por la señora Patricia Bullrich, La Montonera del Bien, en Israel.
Para patrullar el río compartido, surcado por el enigma del narcotráfico (toxicidad que la entonces ministra de Seguridad combatió con el tesón retórico de Juana de Arco).

Evolución y desperdicio
40 años de democracia fueron suficientes para desterrar la desconfianza natural de la política hacia los militares.
Es altamente saludable que solo los especialistas conozcan el nombre del Jefe del Estado Mayor de Ejército, de La Armada o la Aviación.
En Ejército hoy manda un tal general Guillermo Olegario Pereda. Es del arma de Infantería. En 1976 tenía 12 años. Está inmunizado contra la sospecha.
El FONDEF le dio un sentido inesperado al Ministerio de Defensa. Pasó a tener, incluso, un creciente interés. Dejó de ser un raviol para rellenar.
Pudo notarse en el prestigio alcanzado en el ámbito militar por el ministro Agustín Rossi, El Chivo.
Se retiró aplaudido por los militares cuando fue a estrellarse en el papelón electoral de Santa Fe.
Hoy Rossi se muestra hiperactivo en el Banco de suplentes, masajeado y dispuesto a jurar de nuevo por la patria.
Fue sustituido en Defensa por Jorge Taiana, un especialista en diplomacia que fue tratado, en principio, con la frialdad que deparaban los antecedentes biográficos.
Pero el aroma de la provocación se disipó enseguida. Para Taiana también pasaron 40 años.
Al ex preso político de la Dictadura hoy se le brinda el tratamiento respetuoso de “señor ministro”. Se lo ganó.

Por el FONDEF los militares ya lucen uniformes presentables y botas que hasta merecen lustrarse.
Y disponen de 88 nuevos vehículos blindados que resolvieron el dilema geopolítico.
No fueron comprados en China ni en Estados Unidos. Por suerte aún está Brasil y formalmente existe el Mercosur.
Son «vehículos blindados 6 por 6» Iveco Guaraní. El chasis y el motor son fabricados en Córdoba y el resto del tinglado procede de Brasil, que aporta también la financiación del Banco Nacional de Desarrollo.

La tarea militar es ya lo suficientemente digna como para no tolerar más los rebusques irregulares.
Como para que un alto jefe militar, en actividad, encare, sin ir más lejos, venturosos negocios empresariales.
Justamente en el rubro de la seguridad privada. Al amparo de la vinculación con un figurón próximo a La Doctora que lo privilegia.
Es bastante grave que trascienda por los cuarteles la utilización de subordinados de salarios breves, y en horas de servicio.
El cóctel es demasiado irregular y se complementa con la truchada de las pantallas.
La utilización de los nombres de las esposas, que para colmo cargan apellidos clásicos de militares.
El desperdicio confecciona otro cuadro ideal para ser descartado. Descolgado. Quitado de los pasillos como si fueran aquellos retratos que debió retirar el extinto general Bendini, con la triste colaboración de un banquito.