Lunes 20 de mayo de 2024
28 SEP 2023 - 10:22 | Opinión
PANORAMA POLÍTICO

Entre el Fenómeno Milei y el Milagro Massa

La reconfiguración política y generacional transforma y sincera el tinglado político. El escenario depara entonces el destino sombrío para Juntos. La alianza de cristal que tenía el poder en el bolso.

Sergio Massa y Javier Milei. (Fotomontaje: Página/12)

Escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella
Especial para JorgeAsisDigital.com

La alianza de cristal
Carlos Melconian, El Mesías que blinda a la señora Patricia Bullrich, La Montonera del Bien, tiene tres semanas para torcer la historia.
Para apostar por la recuperación y evitar la ceremonia más cruel.
Quedarse afuera del ballotage.
El Mesías llegó providencialmente para salvar la frágil integridad de Juntos por el Cambio.
Para que no se rompa como un espejo golpeado con un ladrillo.
La faena que encara el Mesías es más compleja que vender zapatos en Valentín Alsina.
Los encuestadores -“buscapinas” capacitados para inducir a la equivocación colectiva- coinciden en plantear que habrá segunda vuelta en noviembre.
Entre el Fenómeno Milei y el Milagro Massa.

En su informe, Sintra Consultora se reserva preventivamente el margen de pifiada.
Hasta diez días atrás, el Fenómeno triunfaba directamente en la primera ronda. El país ingresaba inmediatamente en las emociones del turismo aventura.
Pero el intenso crecimiento -confirma Sintra- aflojó. Se registra la leve disminución del estremecedor auxilio hacia el vencedor de las PASO (tóxicas).

En efecto, con los valores de hoy -28 de septiembre- se impone la confrontación sobrenatural entre el Fenómeno y el Milagro.
El escenario depara entonces el destino sombrío para Juntos. La alianza de cristal que tenía el poder en el bolso.
El peronismo de cochería yacía desconcertado en el naufragio del peor gobierno de La Doctora, que aún preside Alberto, El Poeta Impopular.
El poder estaba servido para la alianza de cristal en bandeja de plástico. Para que lo tomara Patricia u Horacio Rodríguez Larreta, Geniol.
Pero se les interpuso el Fenómeno y les manoteó la expectativa del poder que la alianza de cristal, con resignación, dejó escapar.

Aquí adquiere relevancia la Unión Cívica Radical. El partido que aporta la fibra y el territorio a la alianza de cristal.
Los radicales subestimados contienen el invalorable capital de cinco gobernaciones.
Santa Fe, Mendoza, Chaco, Corrientes y Jujuy. Y cientos de mini gobernaciones, mal llamadas intendencias.

La eventual segunda vuelta entre el Fenómeno y el Milagro arrastra hacia la reconfiguración generacional del tinglado político.
Es el epílogo del “bicoalicionismo que se bloquea con reciprocidad» (como lo describe el pensador Jorge Liotti).
La razón oscila entre la precariedad y la trivialidad. Ocurre que los radicales nunca van a votar por Milei.
Entonces el Fenómeno parte en trozos la alianza de cristal.
Sin motosierra y sin siquiera explotar los elogios de Mauricio, El Ángel Exterminador, con sus ostensibles deseos de imitarlo.

La reivindicación de Larreta
Tiempo de paradojas. Se escribió aquí que “si Bullrich le gana a Larreta el próximo presidente es Massa”.
Y Bullrich ganó nomás las elecciones tóxicas a Geniol. Instrumentada por la necesidad orgánica de Mauricio. Exterminar a Larreta.
Pero Bullrich se agotó en la epopeya exterminadora. Y en adelante, el eje prioritario de su campaña conduce sin escalas al desacierto.
Por el “exceso de antikirchnerismo en sangre”, cliquear.

La patología antikirchnerista se impregnó primeramente en Mauricio.
El Ángel desprecia a los kirchneristas casi tanto como a los radicales de Yaco.
Supo aprenderse un dulce relato para entretener en los diálogos cordiales (los comunicadores suelen tirar centros para que cabecee de palomita).
Pero sin comprender que el antikirchnerismo dejó de ser redituable. Porque el kirchnerismo se redujo hasta ser minoritario.
Mantiene la presencia relativamente gravitante apenas en secciones populares de la Provincia Inviable (las que ya fueron penetradas por el Fenómeno).

Mientras Milei se mantiene en la cima se registra, en simultáneo, el Milagro.
La proyección de Sergio Massa, El Profesional, con su filantropía conmovedora.
Con el ingenio del Artista de Variedades, el Milagro instala audazmente que su gobierno va a ser de “unidad nacional”.
Porque asegura que piensa designar, como ministros, a varios radicales. Y a “peronistas del PRO”.
En el fondo es coherente con la continuidad del sistema de diálogo que discretamente sostiene con los opositores. Lo moviliza más la coincidencia generacional que la ideología.
Innumerables churrascos con presencias inexplicables en el quincho de Tigre. Insólitos cafés con agua mineral en el segundo piso de Libertador.

El Milagro reivindica, en cierto modo, la propuesta demasiado racional del transitoriamente exterminado Larreta.
Ampliar la base, “armar un consenso del 70%”, para encarar el mito del cambio que la sociedad supuestamente reclama.
Lo que Larreta proponía sin encanto como candidato, el Milagro se compromete a realizarlo desde la presidencia.
Una receta similar a la que exterminaron juntos Mauricio y Patricia. Para quedar fundidos después de la exterminación. Despojados por Milei y resentidos con el maléfico kirchnerismo.

Sin proponérselo el Milagro homenajea a su amigo Larreta. Con la potencia del cálculo y la esperanza de una incorporación.
El Fenómeno y el Milagro saben que ambos se encuentran cómodos, instalados en la segunda vuelta.
Se anticipan para disponerse a tallar la reconfiguración generacional del sistema político.
Mientras a la bartola, desde la alianza de cristal impugnan el Pacto Massa-Milei.

“Estamos en segunda vuelta con Massa”, confirma el Fenómeno, mientras se dispone, con el Milagro, a servirse porciones de la pizza de Juntos.

Cartón lleno
El Fenómeno Milei se trató hasta el aburrimiento. Pero el hartazgo fascina.
Los simplistas prefieren legitimar la facilidad del «voto bronca».
El Fenómeno dista de ser un «loco». Supo tocar la tecla justa del estado de la sociedad. Animó la campaña desde antes que comenzara.
Ante la carencia alarmante de ideas expresó dos o tres ocurrencias televisivas que acentuaron la superficialidad colectiva del estancado discurso político.
Y la cuantiosa reproducción de los incautos que entraron simbólicamente en el aro del cuestionamiento.
Los embocó con el concepto de “casta”. Los enloqueció con la ilusoria dolarización o la destrucción del Banco Central.
Los críticos se amontonaban para indignarse espantados por la venta de corazones en cuotas, o para cometer el error de dar filosóficamente la vida por la justicia social.
Una rotunda manera de aceptar que el Fenómeno se había instalado en el centro de la iniciativa.
Dominaba intelectualmente el escenario y las reacciones servían, apenas, de complemento.

La consagración del Fenómeno, el 13 de agosto, dejó en estado de perplejidad a todos los analistas (suscripto incluido).
Mientras el Fenómeno encabeza las encuestas sin credibilidad, se advierte, en simultáneo, la sucesión de acontecimientos que provocan la noción del Milagro.
Conjuga el artista de variedades a todas las factorías municipales, sindicales y municipales del peronismo de cochería (que se resignifica).
Y genera el milagro de crear una fuerza ambiciosamente competitiva desde el ministerio de Economía del gobierno en llamas, desastrosamente desperdiciado.
Milagrosamente llegó el Milagro a agosto con oxígeno, como con filantropía distributiva de papeles de colores llega también a la frontera de octubre.
Con el milagroso equilibrio del cabaretero que atraviesa los incendiarios cables indicadores.
Que tolera la catástrofe inflacionaria que pilotea y sobrevive hasta a los elogios de Alberto.