Lunes 23 de septiembre de 2019
12/07/2019 - 08:34 | Noticias | Sociedad

Cómo es recorrer el mundo después de los 80 años

La historia de Nelly Olariaga, una vecina de Dolores a la que la edad no la detiene.

Nelly Olariaga en medio de sus recuerdos, en su casa de Dolores.

Nelly Olariaga tiene 86 años. Acaba de llegar de Colombia y las Antillas y está pensando que tal vez en septiembre vaya a la India o acompañe a una amiga a conocer la tierra de sus abuelos, en Irlanda. En su casa de Dolores tiene un placard completo con carpetas en las que guarda sus bitácoras de viajes, que resumen sus experiencias de miles de kilómetros. En algún tiempo publicó sus crónicas en el desaparecido diario Dolores Hoy y también tuvo un programa de radio. 

Se enorgullece, más que nada, de conocer al dedillo toda la Argentina. “Me preguntaban qué iba a ver en La Pampa. Y allí está el bosque de caldenes que es único en el mundo y nadie, ni los pampeanos, le dan importancia”, explica, al tiempo que señala un mapa de la Isla del Cerrito en Chaco, uno de sus lugares favoritos en el país. 

Esta farmacéutica desde siempre arrastró a su familia a recorrer las provincias argentinas. “Cabíamos ocho en el Ford Falcon”, dice mientras recuerda viajes que incluían llegadas al Cristo Redentor en Mendoza o pasajes por el recién inaugurado túnel subfluvial entre Santa Fe y Paraná. 

Nelly retomó su vocación viajera cuando falleció su marido en 2006. “Ahí saqué el pasaporte y nunca más paré”, indica. En estos 13 años ya lleva cinco viajes a Europa y ha estado en el norte de África, en Asia Menor, en Rusia y la mayor parte de América, además de otros destinos en el país. “No me querían llevar en una excursión submarina a una cueva de Curaçao cuando leyeron mi fecha de nacimiento. Pero me llevaron cuando vieron que la carrocería estaba bastante bien”, cuenta y se ríe. “Yo siempre me destaco porque soy la vieja”, aclara mientras cuenta sobre subidas en globo en Capadocia o ascenso a las pirámides mayas por más de 223 escalones. 

En su estudio, nos muestra fotos de esclusas en Holanda y las compara con las del canal de Panamá que acaba de visitar. Un tapiz que reproduce un ángel arcabucero de la escuela cuzqueña lleva a otra de sus pasiones: el bordado minucioso de imágenes con que decora toda su casa. Charlar con la gente, meterse a mirar un partido del Barça con la Real Sociedad en un bar de San Sebastián alejado del circuito turístico, buscar toda una tarde una calle de Varsovia y hallar la casa natal de Marie Curie, conocer la Rusia rural y terminar bailando con un ballet folklórico al son de balalaikas, son parte de las anécdotas que engancha una tras otra, en una charla que para el interlocutor podría durar horas. 

En su biblioteca hay atlas, libros de viajes, fotos, recortes y mapas: todo lo necesario para planificar el próximo itinerario, que llegará en cuanto sea posible. Es decir, ahora, en un rato, cuanto antes