Lunes 06 de abril de 2020
16/12/2019 - 12:56 | Noticias | Sociedad
Economía y alimentación

Dos voluntarias debieron abandonar el experimento de comer sólo la canasta básica por los perjuicios a su salud

El Proyecto Czekalinski es una investigación social con personas para demostrar lo obsoleto que es la canasta básica del INDEC para definir la pobreza y la indigencia en la Argentina. La secuela más notoria: la pérdida de peso.

La Canasta Básica Alimentaria es el principal patrón de medición de pobreza en Argentina, y está compuesta por 58 alimentos.

El Proyecto Czekalinski nació como una investigación social con personas para demostrar lo obsoleto que la canasta básica del INDEC para definir la pobreza y la indigencia en la Argentina. La secuela más notoria: la pérdida de peso.

El experimento cuasi científico evalúa los cambios en el cuerpo de 18 voluntarios, seis de los cuales que comerían por 6 meses solo los 58 productos de la canasta básica del INDEC para no ser pobre. Un grupo de investigadores dirigidos por Martín Maldonado, licenciado en ciencias políticas e investigador del CONICET, se propusieron dividirse en 3 grupos de 6 personas cada uno.

El primer equipo debía alimentarse durante 6 meses con los productos y las cantidades de la canasta básica, el segundo con los productos de la guía de una alimentación saludable (canasta Gapa) que recomienda el Ministerio de Salud y el tercero debía continuar con su alimentación habitual, siendo este el grupo de control.

Luego de 3 meses, es decir la mitad del tiempo pautado para  la investigación, dos voluntarias del grupo que sólo se alimentaba con la canasta básica abandonaron el proyecto por los problemas de salud les ocasionó este tipo de alimentación.

Se trata de las nutricionistas Florencia Demarchi y Claudia Albrecht, quienes sufrieron una marcada pérdida de peso (la primera perdió casi 5 kilos y la segunda, 3 kilos) pero sobre todo el deterioro psicoemocional que les significó en su vida social, laboral y familiar.

Demarchi además padeció debilidad, sueño irregular, sed constante, sudoración distinta y atrasos en su período menstrual y su densitometría indicó una pérdida de masa grasa. “Yo no lo percibía, pero la gente me veía la cara, los brazos… Se notaban los huesos… Ya no podía perder más peso sin que se comprometiera mucho mi salud… Hubo que dejar”, contó Florencia a La Voz.

Por su parte, Albrecht bajó tres kilos en tres meses. “Comer pan todo el tiempo es aburrido, comer todo blanco es aburrido. Pensar todo el tiempo qué podes comer mañana es triste. Sentirte limitado, no poder elegir te enoja. Verte en desigualdad frente al que sí puede elegir, también te enoja. Pensar que eso es el día a día de 17.630.387 personas, duele”, evaluó.