Martes 27 de julio de 2021
02 MAY 2021 - 14:48 | Sociedad

San Clemente y Dolores: la historia del vecino de 93 años que heredó parte de una estancia de sorpresa

Ambrosio Díaz nació en General Conesa, pero hizo su vida entre el Partido de La Costa y Dolores, donde vive actualmente. Un recorrido de trabajo, esfuerzo y memorias.

Ambrosio junto a su esposa Elsa.

Solo 113 kilómetros separan Dolores de San Clemente del Tuyú, en el Partido de La Costa. Dos ciudades distintas, la primera: una foto perfecta que resume la llanura pampeana. La segunda: un pueblo con mar, como dice Joaquín Sabina.

Ambas están tejidas de historias, a veces paralelas, a veces perpendiculares, unidas, como la de la vida de Ambrosio Leonel Díaz, el vecino de 93 años que fue pionero en La Costa y armó una vida también en el Primer Pueblo Patrio.

En diálogo con Fabián Silva, un costero en busca de historias que entrevista y recopila semblanzas de personajes de la región, Díaz recordó su infancia, juventud y compartió su presente.

“Viví en San Clemente cuando era una familia grande”, dijo entre risas. Díaz fue un afortunado, la vida lo sorprendió, como el mismo contó. “Casi sin querer pase de peón rural a heredero de una estancia”, explicó.

Su mamá era María Antonia Díaz y su papá fue su empleador. “Yo trabajé y me crié en la estancia de don Juan Martínez Pando ubicada exactamente frente al acceso a la localidad de General Conesa. Así fue que, sin querer, vine a heredar un pedazo de campo (…) Estuve trabajando con quien sin saberlo era mi padre. En esa época había tantos silencios como ese”, recordó. Fue cuando murió Martínez Pando que María Luisa, su hermana, le dio la noticia de que era hijo y heredero.

La historia de Ambrosio Leonel comenzó en 1927, en General Conesa. En 1942 se mudó a San Clemente y allí vivió 9 años, pero no fue una época cualquiera. Fue el momento en el que esa ciudad crecía con fuerza: “Si me nombrás gente vieja de San Clemente, los conocí a todos”, le mencionó con risas a Silva.

Cuando Díaz llegó a San Clemente, lo hizo para trabajar en la casa de los Baigorria, una familia amiga que lo cobijó hasta 1950, cuando volvió a General Conesa. Con ellos acarreaba arena con un carro tirado por un caballo. “Con que me dieran de comer, no precisaba más”, dijo, sin embargo, le fue muy bien y recordó que antes de volver a su ciudad natal había cobrado “un platal”, precisamente 45 pesos, en un solo pago. Recibió ese dinero después de arar un potrero en el campo “El Cuis Blanco”, de Baleix, trabajo que le llevó tres meses.

Ambrosio siempre trabajó. Desde su infancia. De niño lo hacía “de prestado”, como el mismo definió, para familiares que actualmente viven en Santa Teresita. Su función era mover caballos o arar el campo. La paga: comida.

También fue peón en la estancia Los Overos, ubicada sobre Ruta 11; más tarde aprendió el oficio de mecánico en la ciudad costera, precisamente en el taller de “Marianito” González, donde conoció a Don Arturo De Elía, dueño de un importante hotel sobre la playa en Mar del Tuyú.

Ambrosio sabía mucho de trabajar y de sacrificio, pero hasta los diez años nunca había ido a la escuela. Después de esa edad fue dos años a la de General Conesa, pero debió abandonar porque, como le dijeron por aquel entonces, “no se podía andar perdiendo el tiempo en esas cosas”.

Patrón, padre y herencia: sorpresas de la vida

Cuando Ambrosio cuidaba la estancia tuvo como primer patrón a Don Juan de los Ángeles Martínez Pando, que lo trató con tanto cariño y consideración que hasta le regaló un auto Chevrolet modelo 1951. Siempre los unió un vínculo fuerte, pero luego de la muerte de Martínez Pando llegó una sorpresa completamente inesperada: el estanciero era el padre de Díaz. Ahora era hijo y heredero.

Barrio El Tala, uno de los lugares en el mundo de Ambrosio

Desde el año 1967 Ambrosio y su familia tienen una casa en el barrio El Tala de San Clemente, donde pasan los veranos. Ese hogar se llama Juan de los Ángeles en recuerdo de su padre.

En ese momento todo “era un descampado”, pero Díaz confiaba en el futuro y antes de poner un ladrillo sembró una semilla: junto a Marcelino Baigorria plantó un árbol en el vivero municipal Cosme Argerich, fue en 1942.

Para ser camionero tiene que saber mecánica

Antes de entrar a trabajar en el taller de Marianito González, Ambrosio trabajó en una verdulería y frutería donde tenían tres camiones. Quería manejarlos, pero para eso tenía que saber mecánica. Esa fue la razón por la que se metió en el taller, quería su carnet.

Amante del automovilismo y el fútbol, se metió en esos mundos. Corría carreras en un Ford A que le había regalado Rafael de la Cruz, de General Conesa. Junto a González llevaron ese auto a San Clemente, lo desarmaron y lo prepararon.

Corrían por las playas de Mar de Ajó, San Clemente y también en General Madariaga. Siempre por diversión. También por las calles del centro, que en aquel momento eran de arena blanda.

La familia de Ambrosio, el pilar de su vida

Ambrosio Díaz se casó con Elsa Barreriro (85) en el 1954. Vivieron en el campo hasta 1970. Juntos tuvieron dos hijos: Edgardo Leonel y Alberto Marino, que era actor, modelo y bailarín y hasta llegó a trabajar con Libertad Lamarque y Susana Giménez, pero murió en 1993.

Edgardo, por su parte, formó una familia y tiene cuatro hijos: Paula (37), Agustina (23), Santiago (10) y Gonzalo (7). Las dos primeras son las que le dieron el título de bisabuelos a Ambrosio y Elsa con la llegada de Ana y Francisco.