Martes 28 de mayo de 2024
03 APR 2023 - 11:09 | Sociedad
Historias

Partido de La Costa: la emoción de Pascual, un histórico turista de Las Toninas que volvió al mar tras la amputación de una pierna

“Pude cumplir mi sueño de volver a meterme al mar”, dijo Pascual Delli Carpini, que concretó su anhelo gracias al servicio de sillas anfibias que ofrece el Municipio.

“Mi lugar en el mundo está en Las Toninas y cada vez que puedo me escapo de la ciudad”, dice Pascual, que vive en Temperley.

Pascual Delli Carpini nació en Nápoles, Italia, el 1 de mayo de 1945, y en 1954, a los 9 años, emigró con su madre y dos hermanos hacia la Argentina, en uno de esos viajes larguísimos en barco para cruzar el Atlántico. El papá de Pascual ya había hecho “la América” a fines del ‘49, escapando de la hambruna y pobreza que había dejado la Segunda Guerra Mundial, y soñando con un bienestar para su familia en un lejano país por el que ya habían apostado varios de sus paisanos.

Los Delli Carpani se instalaron en Temperley, en un incipiente Gran Buenos Aires, al que todavía nadie llamaba conurbano y en el que había pocas cuadras de asfalto. En esas tierras se afincaron y forjaron un presente lejos de Italia pero con visión de futuro.

Hoy, Pascual, ya jubilado de su actividad, que fue siempre la venta de carne, disfruta cada marzo en Las Toninas, su lugar en el mundo para descansar en paz y con tranquilidad en este pueblo con mar del Partido de La Costa. “Trabajé desde que llegué a Argentina como lavaplatos de muy chico, y luego me fui metiendo en las carnicerías, donde aprendí el oficio y tuve locales y reparto por el sur del Gran Buenos Aires”, le contó Pascual a ENTRELINEAS.

En los ‘90 compró una casa en la calle 10 y la 5 de Las Toninas, y luego se mudó frente al Laberinto de Las Toninas, en Avenida 7 y 16, donde su esquina es conocida por toda la comunidad estable del Partido de La Costa, a quienes adoptó como vecinos en los veranos costeros. “En el quincho de mi casa ensayan para el Vía Crucis que hacen en Semana Santa en el Laberinto. Antes venía más tiempo, pero ahora con el problema de la pierna se me complica bastante porque ya no depende de mí mismo”, dijo Pascual.

Es que la historia de Pascual sería algo común y corriente de miles y miles que deciden comprarse su casita cerca del mar o deciden mudarse en búsqueda de mayor tranquilidad, mar, playa, bosques y naturaleza. Pero la historia de este napolitano con casi 70 años en la Argentina sale de ese común y corriente de quienes llegan en un viaje por la ahora Autovía de la Ruta 11 y se meten al mar aún sin haber pasado por el departamento, casa o donde se alojen.

Hace 6 años me cortaron la pierna… Un poco el cigarrillo… la diabetes… No pudieron poner un stent y bueno, no hubo otra alternativa”, detalló Pascual sobre la amputación de su pierna derecha en 2017. Y luego de unos años de no venir a Las Toninas, este marzo que acaba de terminar pasó un tiempo en su casita de La Costa, y pudo meterse al mar con la ayuda de una silla anfibia que le suministraron en la bajada de la calle 32.

“No te puedo explicar la felicidad que tuve al meterme al mar de nuevo. La sensación de mi cuerpo es inexplicable. Pensar que yo me metía hasta en invierno al mar. Me encanta meterme al mar y ahora puedo hacerlo de nuevo con esta silla anfibia”, subrayó Pascual emocionado.

Viajó a Las Toninas con su masajista Mauro, quien lo llevó en el auto y lo ayudó con la silla anfibia en la playa y el mar y en todo lo que necesitó. “Mauro me ayuda mucho y pude cumplir mi sueño de volver a meterme al mar”, afirmó el hombre, padre de dos hijos que siguen la herencia de comerciantes en Temperley, pero no de la carne sino que tienen pizzería y bar con pool.

Mi lugar en el mundo está en Las Toninas y cada vez que puedo me escapo de la ciudad. Cuando compré en los ‘90 era todo médanos y ahora la localidad está urbanizada y creció mucho, está más linda”, puntualizó Pascual que, gracias al servicio de sillas anfibias del Partido de La Costa, disponibles en balnearios y bajadas clave de cada localidad, pudo volver a sentir la sensación de libertad de disfrutar meterse al mar.