Miércoles 01 de diciembre de 2021
01 NOV 2021 - 10:25 | Opinión
Panorama Internacional

AUKUS. Guerra Tibia con China

Desplante a Francia en pacto trilateral de Australia, Reino Unido y Estados Unidos.

Escribe Osiris Alonso D’Amomio
Geopolítica, especial para JorgeAsisDigital.com

1.- La puñalada
Por la subestimada y aborrecida política económica aplicada en los años 90 la Argentina integra el G-20. De garrón participó de la Cumbre de Roma.
La agenda mendicante permite ignorar lo que acontece en los países que generan la realidad. Con los que la comitiva nacional se codea, apenas, para mangar comprensión.
Nada interesa aquí el efecto diplomático de la visita del presidente Joseph Biden, El Abuelito Dulce, al presidente Emmanuel Macron, Le Mec.
Fue en la embajada de Francia en Roma, 43 días después de la “puñalada en la espalda”. Como la definiera Jean Yves Le Drian, el canciller francés.
En efecto, Le Drian se refería a la “alianza AUKUS”.
La puñalada traicionera compartida por Australia, el Reino Unido y Estados Unidos. Tres países que suscribieron un pacto de seguridad en el Indo-Pacífico.
AUKUS es un Acrónimo, A por Australia, UK por el Reino Unido, y US por Estados Unidos.
“Lo que hicimos fue torpe”, se disculpó Biden. “Tenía la impresión de que Francia había sido informada antes que el acuerdo se estaba llevando a cabo».
La alianza trilateral AUKUS fortalece la presencia geopolítica en el área que unifica la confluencia de los océanos Índico y Pacífico.
Es algo más que una advertencia. Un propósito de contención de las expansiones estratégicas de China, objetivo prioritario de la diplomacia científica de Estados Unidos (que no alcanza aún a legitimar el desastroso papelón de la huida de Afganistán).
“El avance militar de China no hará más que aumentar la tensión en la región y el mundo. Vamos a seguir centrados en los retos que China nos presenta, hacia un Indo-Pacífico libre y abierto”.
Lo aclara John Kirby, portavoz del Pentágono.

2.- La Europa complementaria
Pese al voluntarismo de los negacionistas se asiste al despliegue de una guerra tibia entre Estados Unidos y China que le reserva a Europa un rol tristemente complementario.
Pero no se trata solo del ninguneo diplomático hacia la Unión Europea. La puñalada alude a la rencorosa reacción de Francia, afectada comercialmente.
Desde 2016 Francia mantiene contratado con Australia la construcción de 12 submarinos por 56 mil millones de euros.
Un negocio que Australia cancela con la formación de AUKUS.
En adelante los 12 submarinos de Francia son reemplazados por 8 submarinos de propulsión nuclear. Pero construidos por Estados Unidos.
Los tajos de la puñalada fueron suavizados en la reunión de Roma. Tanto Le Mec como El Abuelito Dulce se saludaron sin convicción para los fotógrafos y los cámaras.
Pero no alcanzan los continuos llamados telefónicos de Scott Morrison, el primer ministro de Australia, que también trata de confortar a Macron.
Con menos suerte, incluso, que el secretario de estado Tony Blinken, El Afrancesado que se desplazó hasta París para ser maltratado con frialdad.
Para completarla, la relación del Reino Unidos con Francia atraviesa uno de los peores momentos de la alborotada relación de siglos.
En defensa propia, la Unión Europea sale en auxilio de Francia. Sus solemnes académicos se indignan, y preguntan si hay lugar para la UE en el Indo-Pacífico.
El continente queda lateralizado, convertido en una sucesión de museos. El eje Indo-Pacífico es el elegido por Estados Unidos para frenar al adversario escogido que ya lo supera en inteligencia artificial y en biotecnología.
Es por donde circula gran tajada del comercio de navegación y desde donde se proyecta China con la creación de bases militares en microestados. Islitas casi inadvertidas que en el organismo multilateral valen tanto como Alemania.

3.- Australia nuclear
Asociado con el Reino Unido, el colonizador colonizado, Estados Unidos hace de Australia una inquietante potencia nuclear que agudiza la carrera armamentística.
Y preocupa a entidades como Indonesia, India, Japón o Sri Lanka.
Londres acaba de tomar distancia de Europa y de pronto con AUKUS quiebra su aislamiento previsible y adquiere superior importancia geográfica.
Otra vez Londres adquiere protagonismo universal, mientras que Canberra -o sea la insular Australia- se sorprende con la condición repentina de potencia emergente y se sitúa a la vanguardia del conflicto con China, poderoso vecino con quien mantiene el máximo intercambio comercial y, en simultáneo, una situación de conflicto permanente.
Sensibilidad agravada por la insistencia de Canberra en investigar los orígenes del Coronavirus.
La mera sospecha, el atisbo de duda o de conspiración es tomada como una ofensa por Beijing.
“Abandonen la mentalidad de Guerra Fría” advierte Beijing, y su cancillería aclara que la réplica no va a significar, al menos por ahora, un acuerdo con Rusia.

4.- El trumpismo de Biden
Por segunda vez, el demócrata Biden completa, en la práctica, la estrategia equivocada de Donald Trump, Le Firedog.
AUKUS emerge como el segundo golpe a la credibilidad de Estados Unidos.
La huida de Afganistán, planificada por Pompeo y por Trump, deriva en el porrazo geopolítico que hunde a los Estados Unidos de Biden en el desprestigio.
Una notable exhibición del fracaso, después de haber ocupado el área geográfica durante 20 años.
Para abandonarla con desesperados colgados de las alas de los aviones.
Y dejar a Afganistán bien armado, a merced de los verdaderos enemigos de un Occidente conducido por incompetentes.
Dejaron Afganistán en bandeja, para los expertos en la explotación de la droga y de la fe.
Queda librada al arbitrio de Daesh (Estados Islámico), o de la recuperada Al Qaeda.
A los ultra radicalizados de Al Korazan que dejan a los temibles talibanes comparativamente reducidos al nivel de románticos socialdemócratas.
La confluencia del Índico y del Pacífico se convierte en eje real que desata la Guerra Tibia mientras Europa queda exactamente relegada.
Con un horizonte apenas superior, en materia de importancia, al de la desperdiciada América Latina.
O “Ñamérica”, como prefiere definirla el lúcido pensador Martín Caparrós.
Un conjunto de identidades a la bartola. Con países como Argentina, participante de garrón en colectivos como el G-20.
Pero con el exclusivo objetivo de mangar piedad.