Domingo 24 de mayo de 2020
04/05/2020 - 16:12 | Noticias | Opinión

Default. Estación Terminal, la nueva columna de Jorge Asís

“Los inversores son perversos que no respetan al ministro Guzmán”, asegura el notable periodista y escritor en otro imperdible análisis de la realidad política y económica del país.

"Acá Guzmán logra mantener un prestigio. Pero afuera le tomaron el tiempo", asevera Jorge Asís en su columna de esta semana.

Que los inversores -como los hermanos del Martín Fierro- “sean unidos”.
Universo bastante complejo, pero no es el tema de estudio.
La modestia relativa de la crónica destaca que los fondistas, infortunadamente, son perversos.
No respetan al ministro Martín Guzmán, Alias Gardelito.
Tampoco le temen. Lo más grave, ni lo registran.
Lo llaman, con menor generosidad, El Pasante.
Como si el devaluado Ministerio de Economía derivara en una poltrona ideal para becarios.
Las descalificaciones suelen ser injustas. Ingratas.
Y todo por no haber manejado nunca la contabilidad de un consorcio.
O de un puesto de venta de hotdogs.

PUENTES
Los fondistas adiestrados intentaron el atajo.
Puentear al ministro Guzmán y negociar, directamente, con Alberto Fernández, el Poeta Impopular.
Presidente Delegado -de La Doctora- que administra el cotidiano período de gloria.
La providencia de la peste, gestionada con hidalguía, hizo estallar su proyección positiva en las encuestas.
Tenían buena información (los fondistas la producían).
Sabían que los minigobernadores, llamados intendentes, solían puentear al gobernador Axel Kicillof, El Gótico. Para entreverarse directamente con el Presidente.
Si se puenteaba al gobernador, ¿cómo no puentear a un ministro?
Pero no pudieron. Carecían de la astucia del minigobernador Zavaleta, El Juanchi.
Alcalde de Hurlingham que comparte, con el Premier Santiago Cafiero, El Nietito, y con el propio Presidente, la pasión incontenible por el “randazzismo sin Randazzo”.
Ideología difusa, aún inexplorada, pero el randazzismo (sin Randazzo) hoy gobierna.
Por no poder puentearlo, los fondistas debieron tolerar las magistrales clases de Economía que Guzmán improvisaba en las entrevistas.
O en las “conference calls”. Lucía los arrebatos teóricos inspirados en Joseph Stiglitz, el Premio Nobel.
Stiglitz fascinaba a La Doctora. Tenía el encanto enigmático de un crítico del capitalismo. Pero yanqui.
Keynesiano, por si no bastara, como El Gótico.
En la mitad del río colmado de pirañas, Alberto no podía cambiar.
Estaba jugado con las teorías equinas de Guzmán. Fortalecidas, supuestamente, por la señora Kristalina, titular del Fondo Monetario.
Y sobre todo por la magnitud moral del Papa.
Dolía confirmar que la dimensión moral de Francisco, les importaba, a los fondistas, un reverendo rábano.
O como al Pepe Stalin. «¿El Papa?, ¿cuántas divisiones de artillería?».

DADOR VOLUNTARIO. GENIOL
La cuestión que Guzmán presentó la oferta de canje de bonos de la deuda demencial.
Entre La Doctora, la dueña del poder real, y el Poeta Impopular (sin la guitarrita).
Con el expresivo ornamento Horacio Rodríguez Larreta, Geniol.
Alcalde que atiende el Maxi Quiosco del Artificio Autónomo.

Por aceptable pudor, en la ceremonia, Larreta nunca se sacó el barbijo del Estadista Enmascarado.
Ni siquiera cuando Alberto utilizó la metáfora poética del default virtual.
En la actualidad, Larreta es el máximo opositor con territorio.
Dador Voluntario de Gobernabilidad para el Quinto Gobierno Peronista.
Pero con el dulce charme de la escenografía radical.
Merced a la peste del COVID, Larreta también avanzó explosivamente en las encuestas.
Emerge como un sólido aspirante a la sucesión, asociado a la señora María Eugenia, La Chica de Flores de Girondo.
Para una cuadrera donde compite con el apartado Mauricio Macri, El Ángel Exterminador.
Y con la señora Patricia Bullrich, La Rambo Paqueta, que escala prepotentes posiciones desde la televisión.

PATA ANCHA
El plazo de aceptación vence el 8. Pero el miércoles 6 Guzmán y Alberto ya tienen un corte de boca de urna.
Van a saber que la oferta de canje viene muy mal.
Por piedad puede establecerse que ni llegan al 30% de aprobación. Cuando se necesitan el 65 (en otros bonos el 85).
Pero en realidad ni se asoman al 20.
Igual Guzmán hace pata ancha desde Financial Times.
Pero los conductores de los fondos ya ni quieren sentarse con Gardelito. Con intolerable osadía, alguno señaló:
“Guzmán encara y acelera contra el paredón”.
Para agregar: “Utiliza al país como ratita de laboratorio, para ensayar teorías inverosímiles sobre reestructuración de deuda”.

Y hasta un albertista fiel, de los pocos que no suelen comer vidrio, acepta con dolor:
“Acá Guzmán logra mantener un prestigio. Pero afuera le tomaron el tiempo. Se dieron cuenta pronto que no conoce las reglas del mercado”.

UUN BILLÓN
Hay que entenderlo a Alberto. Un alma gemela de Guzmán. Ambos juegan con fichas prestadas.
Lo prioritario es ocuparse exclusivamente del Coronavirus.
Sostener la medianía de la gestión con la contabilidad comparativamente macabra.
Los miles de muertos de Brasil, de Estados Unidos y de España, logran que el encierro compulsivo sea computado como un logro.
Todo lo que tiene que ver con la economía es bastante desdichado.
“¿Dónde hay un mango, viejo Gómez?”, cantaba Tita Merello.
La idea del impuesto patriótico, instrumentada por Carlos Heller, El Banquero Solidario, psicobolche del Frepasito Tardío, mantiene un transitorio destino de cajón.
“No es el momento de presentar un proyecto semejante”, confirman que dice La Doctora.
Tampoco viene bien aspectada la peregrina idea de arrojarle nuevos bonos por la cabeza a los bancos. Por un billón de pesos.
Rápidos, los banqueros también están unidos como los hijos de Martín Fierro. Y como los fondistas.
Ocurre que mantienen la experiencia de 2001.
“No pueden obligarnos a comprar bonos de un país que está a punto de defaultear”, confirma un banquero.
Con el default como estación terminal. Con boleto de ida. Sin retorno.

Si les encajan compulsivamente los bonos, en los bancos caen, en simultáneo, los depósitos.
“En dólares, primero, y luego en pesos, que se van en bloque al dólar paralelo”.
De aquí al corralito queda una instancia. Ni hay que sentarse a esperar.
Tergiversa entonces Alberto cuando, ante la sociedad encerrada, emite comparaciones.
“Es como cuando llegamos al gobierno con Néstor…”.
Pobre. No está en mayo de 2003. Y quien conduce no es Néstor.
A esta altura, si no se registran correcciones, el país se encuentra, más bien, en mayo de 2001.