Domingo 08 de diciembre de 2019
20/11/2019 - 08:44 | Noticias | Sociedad

Viajar al Impenetrable es viajar a otro tiempo

La ONG La Chata Solidaria lleva asistencia a los habitantes de uno de los lugres más inaccesibles del país. Varios profesionales de la salud de la zona colaboran con el proyecto que recibe donaciones hasta el 22 de noviembre en Dolores.

La ONG La Chata Solidaria lleva asistencia a los habitantes de uno de los lugres más inaccesibles del país. Varios profesionales de la salud de la zona colaboran con el proyecto que recibe donaciones.

“El viaje al Impenetrable no es un viaje a un lugar, es un viaje en el tiempo”. La frase pertenece a Jerónimo Chemes, responsable de la ONG La Chata Solidaria, que periódicamente viaja al Chaco para llevar asistencia a los pobladores de una de las zonas más inaccesibles del país.
Una mujer que conoció la luz artificial en su casa, un nene que pregunta si es cierto que en Buenos Aires la gente vive “apilada”, una persona que hacía meses no veía a nadie, un aljibe que purifica el agua con una serpiente, un hombre con lepra, una enfermedad extinguida. En once años, la Chata ha llevado al Impenetrable –que no en vano lleva ese nombre- donaciones, pero también un programa de salud y la construcción de un jardín de infantes. Varios profesionales dolorenses y de la zona participan en cada viaje y ahora, la concesionaria de Máximo Pinasco será centro de recolección de donaciones todo el año.
 
EL ULTIMO RECURSO
“Somos el último recurso de muchísima gente”, dice Chemes y se apasiona en el relato.  “El problema no es lo que te encontrás, sino cómo lo solucionás. A un tipo que está en estado de desesperación, enfermo, tenés que darle una solución en un lugar donde no hay agua, luz ni teléfono. Y ahí es donde viene la creatividad”, dice con la experiencia que le dan más de 60 viajes, desde que empezó en 2008.
“Empecé solo, llevando cosas en una vieja F100, y hoy tenemos un equipo de gente donde hay profesionales de la salud con la doctora Sandra López Osornio a la cabeza que está llevando un programa casa por casa con latitud y longitud en la ficha porque no hay domicilio”.
Ahora, la empresa Ford Argentina le presta camionetas y Pirelli les da los neumáticos, pero el mayor problema sigue siendo el costo del combustible para que cuatro o cinco camionetas recorran 4500 kilómetros. “Llevamos las camionetas al límite pero no levantamos, porque sabemos que hay gente que espera”, explica.
“No llevamos a nadie que no sea del equipo ni que venga con su vehículo particular, porque si tenemos que pasar y hay que romper, vamos a hacerlo”, sostiene. “Adentro del Impenetrable, en el barro, hay seis conductores designados y nadie puede tocar las camionetas. Cuando vas pasado de kilos –las Ranger cargan 1200 kg y nosotros llevamos 1800/2200 kg- no manejás la camioneta, manejás el peso. Y el problema de terminar en una zanja es que no te puede sacar nadie, no podés ir a buscar un tractor”.
Chemes dice que “somos muy buenos donde nadie va”, pero eso implica “el compromiso de vida de que a cualquier costo las cosas que nos dan van a llegar”.
Estos once años han demostrado muchas cosas. La primera: “La individualidad no sirve para nada, las cosas se construyen dando pequeños pasos y armando equipos”.

“CÓMO HAGO PARA QUE LA GENTE ME CREA”
El problema con el que más frecuentemente se encuentran los integrantes de La Chata Solidaia se expresa en la frase “cómo hago para que la gente me crea”. Cómo creer que en lo profundo de la selva se vive en otro tiempo. “Nosotros hemos encontrado gente que hacía meses no veía a nadie. Viven sin agua: hacen un pozo y juntan agua cuando llueve. Viven sin comida: hemos encontrado gente desesperada, con nivel de desnutrición avanzada”.
Y allá también es muy difícil romper barreras culturales, como la de enseñar cuidados de salud sexual a las mujeres y las niñas, o las idiomáticas porque la mayoría son hablantes wichi o qom.
“El agua la pedimos en bidones de 5 litros, porque si nos dan botellas, una vez que se usa, no sirve para nada y contamina. Al bidón, en cambio, le hacen con hojas un embudo y, cuando llueve, juntan agua en él”, explica.
¿Cuánta gente hay? “Abrimos camino con la trompa de la camioneta. Ni siquiera el INDEC sabe cuánta gente hay, se estima unas 70 mil personas. Hay tres poblaciones relativamente grandes: Nueva Pompeya, Fuerte Esperanza y Sauzalito. En los trayectos entre esos lugares hay mucha gente que no está documentada.” Y hay gente a la que encuentran por un rastro como una botella, un poste o una línea recta: a partir de allí hay que buscar, tal vez en 6 o 7 kilómetros a la redonda para dar con un poblador.
Jerónimo era entrenador de rugby, y cuando murió su madre sintió la necesidad de cambiar dolor por solidaridad. “Junté cosas en el club y decidí llevarlas a alguien que no recibiera otra ayuda. Me metí solo la primera vez en una F100 modelo 1974 y con 64 grados de temperatura en la cabina, me desmayé. Y cuando me desperté me di cuenta de que había un mensaje que decía tres cosas: solo no se puede, algo tenemos que hacer y hay que saber comunicarlo”.
Ahora el equipo estable tiene unas 15 personas a las que se suman en cada viaje las necesarias –y no más- para la tarea que se vaya a emprender. “Cuando vamos a construir un jardín de infantes no tiene sentido que le diga a Yanina, la bioquímica que venga, sino al equipo de construcción que comanda un maestro mayor de obras”.
Considera que lo mejor que en este momento está haciendo La Chata es el plan de salud. “Se monta en plena selva consultorio, farmacia y equipo de análisis clínicos. Atendemos hasta 1000 pacientes. En una hora tienen los resultados de los análisis, el diagnóstico y el medicamento”.
 
¿QUE NECESITAN ESTE VIAJE?
Fundamentalmente dinero para poder llegar con todo. Bicicletas, juguetes en buen estado, alimentos no perecederos y agua en bidones de 5 litros –no en botellas.