Martes 09 de agosto de 2022
25 JUL 2022 - 09:25 | Sociedad

Estudiar en la cárcel: “La carrera terciaria es lo único positivo que saco del encierro”

Jairo G fue detenido meses después de convertirse en piloto comercial de Aerolíneas Argentinas. Mientras espera su último año antes de salir en libertad, reflexiona sobre la vida en el penal de Dolores y el rol que cumple la Tecnicatura en Comunicación Multimedial, única carrera terciaria que se dicta allí.

El actual interno y una de sus pasiones: los aviones.

La Unidad Penitenciaria N° 6 de Dolores cobró relevancia a principios de 2020, cuando trasladaron allí a los jóvenes involucrados en la muerte de Fernando Báez Sosa. Cuatro meses después de aquel revuelo, ya en medio del aislamiento por la pandemia, Jairo G fue derivado a esa institución y desde entonces cuenta cada minuto que lo separa de agosto de 2023, fecha donde cumpliría su condena.

El interno tiene 35 años y es uno de los once alumnos que a principios de 2022 comenzó el último año de los tres que comprende la Tecnicatura Superior en Comunicación Multimedial, única carrera en la historia de la UP 6 de Dolores y que tuvo una sola camada de alumnos: los que la comenzaron de manera virtual en 2020. La carrera depende del Instituto Superior 26 de dicha localidad y está estructurada en tres años de diez materias cada uno.

Previo a su llegada a Dolores, el actual estudiante vivió en Corrientes hasta el año 2007, para luego mudarse a Capital Federal. Allí hizo infinidad de cursos, trabajó en una empresa de electricidad, luego como técnico electricista en un banco de sangre y paralelamente se especializó en electrónica, aprovechando su cercanía con los equipos de laboratorio. Esto le sirvió para ingresar como técnico de mantenimiento de simuladores de vuelo de Aerolíneas Argentinas en 2014, lugar donde comenzó su preparación como piloto comercial, algo que finalmente logró en 2019 y que pudo ejercer sólo algunos meses, ya que fue detenido en febrero de 2020 y derivado a Dolores en mayo.

“Llegué justo antes de que se inicie la carrera, y me interesó para no pasar tanto tiempo en el pabellón. Me dejaron inscribirme si ayudaba a preparar las condiciones para las clases virtuales, algo inesperado porque la carrera fue diseñada para ser presencial y que fue muy difícil al principio”, destaca Jairo y amplía: “Hubo problemas tanto con el proyector, con la señal y hasta con la netbook disponible, por lo que a veces hacíamos la videollamada desde mi celular”.

Los alumnos de Comunicación Multimedial de la UP 6 en una clase de 2022.

Los alumnos de Comunicación Multimedial de la UP 6 en una clase de 2022.

El interno tuvo la posibilidad de capacitarse y formarse en distintos ámbitos previo a estar preso, por lo que conoce bien las diferencias de cada situación: “Aquí es muy difícil concentrarse y hacer de cuenta que no está pasando nada, por más que al estar detenido dispongas de todo el tiempo del mundo. Yo nunca llegué a sentirme pleno, me pasa de estar estudiando y pensar en la vida y carrera que llevaba cuando estaba libre y siento que está pasando mi tiempo, esos pensamientos te juegan en contra”.

“En el pabellón no todos piensan igual, todo lo que hagas te puede generar un problema, incluso cosas que fuera del penal no te traerían ninguno. Te mandaron una encomienda, estudiás o hablás distinto y podés tener problemas por eso. A veces la música está muy fuerte o algunos internos discuten y estudiar se hace muy difícil”, asegura y complementa: “No es buena la alimentación, mi celda es para dos y vivimos cinco. A veces hay requisas, lo que implica que te saquen la ropa, te revuelvan tus cosas y te manden al patio a las 7 de la mañana en pleno invierno. Todas esas cosas te afectan y complican el estudio”.

Su enfermedad y la importancia de la formación continua

Tras cursar el primer año de la carrera con normalidad, Jairo fue derivado al penal de Olmos en febrero de 2021: “Me salieron petequias en todo el cuerpo. Yo me sentía bien pero me dijeron que estaba vivo de casualidad, ya que casi no tenía plaquetas en la sangre”, relata y resalta: “Fue a causa del estrés, estuve muy grave pero recibí una donación rápida por mi vínculo con el banco de sangre. Por suerte pude recuperarme y cursar durante todo 2021 de forma virtual desde Olmos. A principios de este año regresé”.

Más allá de las dificultades que el alumno le describió a Entrelíneas, asegura que la carrera terciaria es “lo único positivo” en los más de dos años que lleva de encierro: “Me parece extraordinario aprovechar este tiempo perdido para seguir aprendiendo. Cuando estás en el terciario, te olvidás por momentos de que estás en una cárcel, estás en un aula compartiendo, aprendiendo. Obvio que hay días que no tenés ganás, pero cuando la clase te atrapa y se pone interesante es cuando siento que no estoy preso”.

Desde que está en la UP de Dolores, Jairo G hizo 16 cursos certificados. Uno de ellos es de instructor en ajedrez, lo que le permitió participar en un torneo provincial en el que finalizó tercero. Esto lo impulsó a dictar desde hace varios meses un curso dentro de la unidad, donde tiene un grupo de principiantes y otro de avanzados, con dos horas semanales de clases. “Acabamos de hacer un torneo interno de 26 competidores que fue muy lindo y sirve para sacar a los tres representantes de la unidad para el próximo torneo provincial”, comenta con alegría.

A su vez, es el encargado de la biblioteca móvil que pasa por las celdas, por lo que hace el seguimiento de los internos que leen. Pero su rol en la educación no termina allí: “Otra actividad que tengo es ser el tutor educativo general de la unidad completa. Cada pabellón tiene su tutor y a su vez hay un Tutor General de Educación, que es la tarea que llevo adelante. Allí escucho y trato de ayudar con todos los problemas de primaria, secundaria y alfabetización”.

Respecto a la importancia que tiene la carrera enComunicación Multimedial, que se inició al comienzo de la pandemia y cuya inscripción no se volvió a abrir, enfatizó: “Creo que la carrera debería continuar, pero que antes deberían brindarse más herramientas para que esto funcione como parte de la reinserción social. Nos falta un poco más de infraestructura, no todos los chicos tienen computadora y es una carrera digital. También un lugar físico fijo, que es algo que también nos costó”.

La carrera comenzó con más de 30 alumnos, entre quienes participaban también empleados del Servicio Penitenciario y de los cuales sólo queda una. A ella (Andrea), la acompañaban otros diez presidiarios a principio de año, de los cuales uno quedó en libertad y otro optó por abandonar.  En esta deserción tuvieron que ver las dificultades fuera del aula: “El trabajo que no es en clase se hace en las celdas y a fuerza de voluntad. Para estudiar sólo tenemos la cama y sino hay que salir a las mesas de los pasillos, las cuales suelen usarse para comer; y puede pasarte que te vean con la computadora y te pidan jugar a los jueguitos, lo que te lleva a encerrarte y estudiar en la cama”, cerró.