Sábado 18 de septiembre de 2021
01 SEP 2021 - 11:17 | Opinión
PANORAMA POLÍTICO

La peor campaña de la historia

El periodista Juan Cruz Sanz se suma a prestigiar ENTRELINEAS.info con su mirada aguda de la realidad nacional y provincial. En esta ocasión, un panorama a 10 días de las primarias legislativas.

A una semana de terminar la primera etapa de una campaña electoral que no quedará en la historia, los distintos frentes políticos siguen inmersos en cuestiones abstractas.
 
Lo que ocurre no es nuevo. En medio de una extraña campaña electoral, oficialistas y opositores juegan al silencio de los culpables. El pacto no es oficial pero es tácito. Se discuten o debaten una serie de temas nimios y lo importante se deja de lado. En las últimas horas se intentó definir la palabra “garchar” y se puso en la hoguera un capítulo del animé “Dragon Ball Z”. Estos fueron los últimos temas centrales de la política argentina, con más del 40% de la población en situación de pobreza.
 
El tema que ¿preocupa? es que la Argentina enfrenta, en términos salariales, económicos y de consumo, casi una década perdida. Ahí radica la gravedad de un problema que el Gobierno Nacional sabe perfectamente y la oposición esconde para no hacerle frente a su responsabilidad cuando le tocó ser Poder Ejecutivo. La situación preocupa pero la pregunta sigue siendo: ¿A quién?
 
¿Se registra este tema como se debería registrar? El asunto es más simple de lo que parece. El presupuesto que envió el ministro de Economía, Martín Guzmán, establece que en 2023, si todo sale como debería ser, que se sabe no será: una salida exitosa de la pandemia, crecer a tasas chinas con un siete por ciento anual, llegaríamos a 2023 con valores similares al 2015.
 
Siendo aún más profundos, recién se empezaría a crecer en 2025, rompiendo el ciclo de caída fenomenal del salario que hace que hoy tengas un salario 25% menor que en 2015. Tragedia de magnitudes que solo se vivió a la salida de la convertibilidad. La situación es más grave que discutir el adoctrinamiento de un profesor en La Matanza o si el maestro Roshi es un pervertido.
 
El Frente de Todos no asume su responsabilidad y en las últimas horas sacó a Guzmán a la cancha. ¿El objetivo? Mostrarle a cierta franja electoral la diferencia de su gestión con la del macrismo y la toma de deuda en moneda extranjera, otro tema que en el fondo no llega a ese electorado que busca enamorar. Las fuerzas políticas eligieron la ley del menor esfuerzo. Al menos, el oficialismo y Juntos por el Cambio, descartaron la posibilidad de convencer y se quedaron con la idea de cimentar el voto ya ganado.
 
Dentro del debate económico que no se quiere dar, aparece otro tema tabú. La Argentina no es un país bimonetario solo para la clase media. Lo es también para la clase baja porque hay algo que se dice poco o no se dice: la clase media baja y baja argentina, por sus características históricas, siempre ha tenido una relación muy estrecha con el Atlántico. No con los Estados Unidos. Mira a Europa. Un pobre no sueña con comprarse un auto norteamericano, sueña con comprarse un Audi. Tenemos una lógica de la cultura europea, lo que hace que permanentemente nos comparemos con los ingresos y el estado de bienestar europeo, incluso aquellos que han quedado fuera del sistema. En el último tiempo, las organizaciones sociales se transformaron en un brazo de presión constante y consuetudinario a la existencia de un estado de bienestar, situación que en el resto de Latinoamérica no pasa.
 
Brasil, México y Argentina son los PBI más grandes de Latinoamérica. El caso mexicano es especial, tiene una lógica asistencialista cristiana. Se trata de una constitución de asistencia social, basada en un cooperativismo cristiano católico pero que está lejos del estado de bienestar. Se trata de una “misericordia estatal”. Brasil está hecho a imagen y semejanza de la desregulación de la economía norteamericana y su pelea social difiere a la argentina. En nuestro país el pobre sabe muy bien qué significa el estado de bienestar y los planes nunca alcanzan porque para un pobre la solución no es que le den plata, sino que le den trabajo fomentado por el estado. Es la discusión que el gobierno no quiere, ni puede dar.
 
Hay una teoría errada que se mantiene y que complica aún más el planteo de los temas centrales. La oposición centro urbano versus periferia o interior. La tesis política sostiene que las clases medias acomodadas que viven en la ciudad son anti populistas y que no tiene ningún sentido tratar de convencerlas porque el grueso del interior es lo que te hace ganar las elecciones. Esto se piensa en un lado y en el otro. Error. Eso se terminó porque la diferencia entre periferia y centro se borró con una pandemia que se llevó todo.
 
A una semana de las PASO, la política ya piensa en esa idea religiosa de sentir sus postrimerías: muerte, juicio, infierno y gloria. Que ese voto sea la muerte de una campaña y que rápidamente cada uno tenga su lugar en el infierno, en la gloria.