“Silvita” un emblema del Club Atlético Defensores Unidos de Santa Teresita falleció este jueves a los 72 años y la comunidad entera lo recuerda con mucho cariño.
Omar Silva fue uno de los pilares de la histórica institución costera y su recuerdo vivirá por siempre en las canchas del CADU.
“Falleció un emblema del CADU, una gran persona que siempre estuvo en el corazón de cada jugador, Cuerpo Técnicos y Dirigentes del Club. Como así también muy apreciado por todos los Clubes y árbitros que pertenecen a la Liga de la Costa”, publicó en sus redes sociales el club.
A Omar Silva todos lo llamaban “Silvita”. Era chileno, de baja estatura, con voz tímida y con una mueca de sonrisa.
Cuando en 2019 el CADU cumplió 40 años, ENTRELINEAS eligió entrevistar a "Silvita" quien fue parte de la historia de la institución.
A fines de la década del 70, los hermanos Alfredo y Héctor Iriart llegaron junto a dos jóvenes más a Santa Teresita en un camión viejo de una empresa de luz de Mar del Plata para colocar un transformador al lado de la Cooperativa. Poco después llegó un cabecilla al que le había salido un trabajo grande en Mar del Tuyú y les propuso quedarse. Los hombres no lo dudaron, fueron a buscar a sus familias y se instalaron en La Costa.
“Ellos y su jefe eran jóvenes, querían jugar a la pelota y se acercaron a la sede del Club Social Santa Teresita, pero como en aquella época para entrar tenías que usar traje y corbata tuvieron que irse. Después volvieron vestidos con el pantalón y la camisa de la empresa bien planchada y entraron al club. Les preguntaron si eran socios y les dijeron que si no lo eran, no entraban. Salieron de ahí y no volvieron más”, relató en aquella fecha Silva.
Eso hizo que junto a varios otros vecinos más se fueran hasta la calle 29 entre 9 y 10, donde está la planta de luz y sobre la arena misma hicieran unos arquitos con piedras, armaran una canchita y empezaran a jugar a la pelota, comenzando de esta forma a planificar un futuro. De algún modo, nacía el CADU.
“Un día con mi bicicleta me arrimé para ver si podía jugar. Pero como en realidad yo no jugaba a nada, me preguntaron si sabía cebar mate. Les dije que sí y como ellos tenían una garrafa chiquita a partir de ahí cuando me acercaba, calentaba el agua y me la pasaba cebándoles mate. Para mí era lo mismo si jugaba o no, me gustaba dar mates como lo sigo haciendo hasta ahora”, contaba “Silvita” en 2019 con una sonrisa.
Así fue que en un colectivo viejo que tenían en esa esquina comenzaron a reunirse y el 19 de mayo de 1979, decidieron fundar un club que llamarían Defensores Unidos de Santa Teresita. Las reuniones luego continuaron en un local en calle 2 y 30 y más tarde comenzaron a llevarse a cabo en un hotel durante muchos años.
“Entrenábamos en la cancha de la ENET Nº 1, hacíamos partidos de fútbol, teníamos un kiosquito donde vendíamos bebida y para cambiarse los muchachos lo hacían detrás de las cortaderas, entre los yuyos”. Allí jugaron durante años hasta que en 1984 debieron desalojar el lugar por no tener los requisitos requeridos. A comienzos de la década del 80, comenzó la construcción de un gimnasio en la calle 36 y 10 para realizar boxeo y la concreción de una sede real aspirando como club asentarse definitivamente en el ambiente deportivo.
En 1988 se colocó la piedra fundamental bajo la presidencia de Luis Pourtalé y el club comenzó a soñar con su propia cancha, solicitando años después, lo que es el predio actual del otro lado de la Ruta 11 a la provincia de Buenos Aires. Los terrenos eran bajos, llenos de agua y basura, pero consiguieron máquinas, lo limpiaron y rellenaron logrando dejarlo en condiciones para la construcción de la cancha.
“Yo mismo me encargué de sacar todo con rastrillo, la cancha la hice yo. Había solo una franja de pasto y el resto era toda tierra, ponía agua y no salía nada. Entonces busqué gente y empecé a hacer zanjitas y le ponía gramillas, donde veía que crecía pasto agregaba agua y fui haciendo conexiones con mangueras”, recordó “Silvita”.
Además de haber sido el hincha Nº 1 del CADU, para “Silvita” el predio era literalmente su casa. “Al principio viví dónde está la utilería, donde se juntan los árbitros hasta que me hicieron la piecita y acá estoy. El CADU es toda mi vida, no tengo cómo agradecerles. Dejé mi vida acá. Yo quiero que salga campeón sí o sí, porque por ahí yo me puedo morir, pero antes lo quiero ver campeón otra vez. Lo llevo adentro del corazón, en las venas. Por ahí, si me cortas una vena me salen los colores del club”.
Sin dudas, “Silvita” quedará para siempre en la historia del CADU como también de toda la comunidad de Santa Teresita.
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