Sábado 23 de octubre de 2021
27 AUG 2021 - 11:00 | Sociedad
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Mar del Plata: a 40 años de la violación y el asesinato de su hija, una madre sigue pidiendo Justicia

Silvia Cicconi tenía 17 años cuando la violaron y la apuñalaron 32 veces. Por el crimen, un hombre en situación de calle fue condenado pero la familia de la víctima siempre creyó en su inocencia. Adelina, de 80 años, reclama que cerraron el caso por las heridas siguen abiertas.

Adelina y su otra hija, Daniela. El aberrante crimen ocurrió el 27 de agosto de 1981.

A sus 80 años, Adelina Costantini mantiene el reclamo de Justicia. Hace 40 años ocurrió el femicidio de su hija, Silvia Cicconi, a quien violaron antes de apuñalarla 32 veces. El aberrante crimen ocurrió el 27 de agosto de 1981 cuando la víctima tenía tan solo 17 años.

La naturaleza del caso conmovió a la opinión pública. Hubo una investigación, hubo acusados, y hubo un condenado: Fernando Saturnino Pérez, una persona en situación de calle. El 28 de mayo de 1984 lo condenaron a reclusión perpetua pero le conmutaron la pena y salió antes. Murió hace 20 años. La familia de la víctima, sin embargo, no quedó conforme con ese fallo porque siempre creyó en la inocencia del indigente.

"Cada 27 de agosto, mientras tenga vida, voy a hacer público mi reclamo, en el cual también incluyo mi mensaje. Yo no quiero venganza, solo pido ‘reestablecer la justicia’ ese es mi grito, cada vez que pienso en Silvia. Cada vez que veo o escucho de una nueva muerte, de una nueva 'Silvia'. Mi hija era inocente, y también lo era aquel que culparon y juzgaron en lugar de los verdaderos asesinos y violadores", sostiene Adelina, en la carta que hizo llegar al portal 0223.

Los padres de Silvia eran dueños del restaurante Nueva Italia, de Luro al 5100, frente a la estación del ex ferrocarril Roca, que en temporada de verano solía contar con comensales famosos, como Gerardo Sofovich. La casa donde vivían quedaba atrás del local gastronómico.

En la noche del 26 de agosto de 1981, Rubén Dante Cicconi y su esposa Adelina Costantini estuvieron en el restaurante Nueva Italia, del cual eran dueños y donde algunas compañeras de gimnasia de su hija festejaban un cumpleaños. Silvia estuvo un rato, pero después se fue a dormir porque al día siguiente tenía que levantarse temprano para estudiar. La celebración, con los padres de Silvia incluidos, siguió en Medieval, el bar que Rubén tenía en sociedad con Pablo Mazei, novio de Silvia.

Pasadas las 2, Adelina regresó a la vivienda con Ana María, hermana de Mazei, y se encontró con el cuerpo de Silvia. Ante la desesperación, sacó el enorme cuchillo que estaba incrustado en el pecho de su hija. Las huellas quedaron en el arma homicida y en un primer momento la investigación apuntó contra la propia Adelina como la principal sospechosa.

Silvia se encontraba atada con sus medias de pies y manos, con una cuchilla clavada en el pecho. Su cuello, además, estaba cortado. Todo en medio de una escena sangrienta. En la vivienda no hubo ninguna entrada forzada. La puerta de calle estaba cerrada con doble vuelta de llave, como la habían dejado. La habitación se encontraba revuelta y había objetos de valor y dinero que no fueron tocados. Cada una de las luces estaba prendida.

El homicida revisó todos los libros de Silvia, lo que dejaba claro que buscaba algún escrito. Una anotación que comprometía a alguien, y las sospechas de la familia iban en relación a un conflicto narco y a un exnovio de ella, hoy convertido en empresario con vínculos con el poder y jueces. Bajo las uñas de la víctima se hallaron restos de piel de su agresor y manchas de sangre a la salida de la casa. Pero no se hizo un buen trabajo con ello y cada pista se diluyó.

El caso, sin embargo, necesitaba alguna resolución. Lo exigía la presión social y mediática. Y así fue como cayó Pérez. Bajo el amedentramiento de la picana, el hombre en situación de calle, de 50 años, "confesó" el femicidio, una tipificación que no existía por esos tiempos y que reducía este tipo de hechos a "crímenes pasionales".

Saturnino Pérez pasó 13 años en la cárcel de Batán hasta que fue indultado por el exgobernador Eduardo Dhualde. Para que eso pase fue clave Adelina, quien hacía frecuentes al penal para visitar al "femicida" -al menos, según el dictamen judicial- de su hija menor. Y una vez en libertad, junto a su esposo, ayudaron al condenado con ropa y le dieron de comer en el restaurante hasta que murió en marzo de 2000.

"Desgraciadamente, aunque se presenten y reconozcan su crimen, para la "justicia" ya está cerrado el caso. Y para mi, y todos los que la conocieron, la herida sigue abierta. Caso cerrado y heridas abiertas, eso es lo que recibí", lamenta al respecto la mujer en su texto, donde también agrega: "No me voy a resignar a reestablecer la justicia que merecemos, la que merece mi Silvia".

Adelina no tiene más armas que la verdad. Insiste en que Silvia sabía algo que no debía, algo que comprometía al verdadero femicida: sí, a ese hombre que hoy está libre, caminando con total impunidad.

La carta de Adelina en la que Adelina pide justicia por Silvia

"Hola, soy yo otra vez, Adelina Costantini, la mamá de Silvia Cicconi.

Quizá no la conozcas, quizás sí. Era mi hija, tenía 17 años y fue asesinada el 27 de agosto de 1981.... y su crimen sigue impune. Uno más de los tantos que hay en la Argentina.

Silvia estaba en su cama, acostada.... tal vez soñando, como lo hacemos vos y yo, y la mataron. La autoridad de ese entonces, culpo a un inocente.... y digo autoridad y no justicia, porque aún no tengo justicia.  Silvia no tiene justicia, sus asesinos siguen libres.

No quiero aburrirte con estas cuestiones, quizá a vos te haya pasado algo similar, o alguien cercano... o simplemente este tema que data desde hace 40 años,  ya pasó de moda.... ya no es noticia, no es viral....

Pero quiero decirte, que en cada uno de los habitantes de este suelo, hay un pedazo de Silvia.

Hay un pedazo de cada víctima. Y por qué te digo esto? Es simple. Todos los seres humanos tenemos el derecho a la vida. Desde la concepción hasta que nuestro cuerpo diga basta. No hasta que otro ser humano decida que es nuestro fin.

Silvia era un ser inmensamente bondadoso. Como cualquiera de nosotros, tenia sus defectos, sus virtudes, y esperanzas. Yo estoy acá hoy, como todos los días de mi vida desde su muerte, recordándola, extrañándola y pidiendo justicia.

Y cada 27 de agosto y mientras  tenga vida, voy a hacer público mi reclamo, en el cual también incluyo mi mensaje.

Yo no quiero venganza, solo pido "reestablecer la justicia" ese es mi grito, cada vez que pienso en Silvia.

 Cada vez que veo o escucho de una nueva muerte, de una nueva "Silvia".

Yo no conozco de leyes, no   sé de   ciencias forenses, ni de criminología, ni de investigaciones.

Yo conozco de inocencia.... mi hija era inocente, y también lo era  aquel que culparon y juzgaron en lugar de los verdaderos asesinos y violadores. Incluso yo fui sospechada de haberla matado, ya que fueron mis propias manos las que le sacaron el arma homicida de su pecho.

Para no entrar en detalles, los cuales recuerdo tan sólo cerrando mis ojos, estoy acá rindiéndole homenaje a su memoria.

No hay nada en el mundo que no esté dispuesta a dar, para recibir la justicia que Silvia merece.

 He dado mi fortuna a los abogados, investigadores y todo organismo público y privado, para condenar a sus asesinos. Yo no necesito que me digan quienes lo hicieron o porque lo hicieron. Yo sé muy bien quienes son. Solamente pido que sean condenados.

Desgraciadamente, aunque se presenten y reconozcan su crimen, para la "justicia" ya está cerrado el caso. Y para mi, y todos los que la conocieron, la herida sigue abierta.

Caso cerrado y heridas abiertas, eso es lo que recibí.

Pero también seguí y sigo dispuesta a recibir la vida, con la llegada de mi segunda hija Daniela y mis nietos,  forjando a fuego lento cada uno de sus días, sin resignarme en esta lucha, que es de todos.... reestablecer la justicia que merecemos, la que merece mi Silvia.

En este día, hace 40 años atrás me arrebataban la fe en un futuro feliz, pero decidí que me tenían que salvar. Y si bien, mi sufrimiento me va a acompañar toda la vida, me dejé salvar.

Dejate salvar, dejate salvar del odio, del miedo, de los vicios, de convertirte en un asesino o asesina.